Y me doy cuenta de la persona que fui una vez, esa que sabía lo que quería en la vida y que estaba dispuesta a pelear por ello sin importar lo que costara. Hay días en que al abrir las cortinas bien temprano en la mañana me propongo recuperar esos sueños viejos, llenos de polvo, que aún están bien guardados y apretujados en algún lugar que ya no recuerdo.
Pero al pasar el día, la rutina se apodera de mi mente y nuevamente me atrapa el remolino de confusiones varias que giran en torno a mi falta de coraje. Mi corazón sigue anhelando volver a cobijar esos momentos, pero mi mente sabe que soy otra.
Probablemente debiera preocuparme más de construir nuevos sueños, en vez de quedarme pegada en aquellos que ahora no son más que fotos amarillas de un tiempo no tan lejano, pero que parece haber sido el escenario del más lindo de los cuentos.
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